Ejes temáticos 2017

Olimpiada de filosofía de la República Argentina

Edición 2017

La filosofía en el mundo del trabajo, la educación, la ciencia y la tecnociencia.

Eje 1: El Mundo del Trabajo

Estamos instalados en sociedades fundadas en la actividad productiva y en los avances científico-tecnológicos que han transformado la fisonomía del mundo y también las formas de enseñar y de aprender.

La cultura del trabajo es uno de los aprendizajes fundamentales en la constitución de la ciudadanía y en la formación integral de las personas. Esta situación explica la importancia que adquiere fomentar la cultura del trabajo y mostrar cuál ha sido su característica en las modernas sociedades.

El Programa parte de las ciudades renacentistas, momento en la historia en que comienza a valorizarse el trabajo en contraposición a la denigración de esclavos y siervos y al ocio de la nobleza. Este giro en la concepción del trabajo quedó plasmado en las utopías de Moro, Campanella y Bacon. Eran las ciudades propias de las sociedades burguesas y producto no sólo de las transformaciones económicas, sociales sino también de la Reforma Religiosa con su reivindicación del trabajo para concluir en las concepciones actuales, con sus conos de luces y de sombras.

Es importante resaltar que la problemática ética atraviesa al mundo del trabajo y obliga a discutir sobre los valores que conciernen al capital y, fundamentalmente, pone en el centro del debate el cruce entre capitalismo y humanismo.

Las características de los contenidos de este módulo son óptimas para la utilización de proyecciones de películas que plasman estas transformaciones de un modo simple y didáctico y que generan espacios de debate e intercambio de ideas.

Algunos de los problemas que surgen en este eje son: ¿Es el trabajo una actividad propiamente humana? ¿El trabajo: nos esclaviza o nos hace libres? ¿Cómo se relacionan trabajo y dignidad humana? ¿Hay trabajos más dignos que otros? ¿Toda actividad humana es trabajo? ¿Nos vemos reflejados en lo que hacemos? ¿Cómo se relacionan trabajo e igualdad? ¿Qué es la alienación? ¿Qué cambió en el mundo del trabajo actual respecto de siglos anteriores? Cómo afecta la globalización al mundo del trabajo? ¿Qué significa progresar por el trabajo?

Eje 2: El Mundo de la Educación

En el contexto del Bicentenario, la educación es un instrumento fundamental para incentivar la libertad, promover el pensamiento crítico y la emancipación no sólo de cadenas externas sino también de las cadenas mentales, que obstaculizan la visión de los otros seres humanos, diferentes y, al mismo tiempo, iguales.

Este módulo pretende discutir el paradigma positivista que signó la educación argentina y contraponerlo al pensamiento complejo.

El aula es el espacio de intercambio y de construcción de los saberes y el  docente es, en cierto modo, un artesano que teje la trama del conocimiento con los otros. No podemos desconocer la realidad de la escuela argentina, en la cual persisten modalidades tradicionales de enseñanza que promueven la deserción, la pasividad, la memorización de contenidos, la ceguera a la complejidad y los resabios de una formación positivista.

No se nos oculta tampoco la escasa articulación con las demandas sociales y culturales del medio, lo que redunda en una política débil de transferencia. La tendencia a la homogeneización y la débil atención a la diversidad dentro del aula es otro de los rasgos que caracterizan aún a la escuela argentina. A lo que se suma un tratamiento aislado del saber disciplinario. Por cierto, las prácticas institucionalizadas están estereotipadas,  cristalizadas y  se fundan  en un modo sesgado  de concebir la filosofía y sus modos de enseñarla, lo que redunda en el rendimiento de los estudiantes.

Por otro lado, es importante incluir la perspectiva de género en el proceso de aprendizaje escolarizado, muchas veces teñido, como lo está la sociedad en su conjunto, por miradas machistas y centradas en tradiciones que se riñen con el respeto por la diversidad y la igualdad de géneros.

En este sentido el Programa suscribe una concepción de Educación entendida como un proceso:

  • Que implica una investigación crítica permanente, comprometida en una tarea de desmontar los prejuicios y supuestos de los saberes.
  • Que busca problemas más que soluciones,
  • Que abandona el verbalismo estéril que confunde profundidad con oscurantismo academicista.
  • Que flexibiliza las propias certezas, siempre y cuando cada proposición sea fundamentada y que asuma la incertidumbre de la realidad, del conocimiento y de la acción.

Para lograr una verdadera comunicación es útil partir de los saberes de los estudiantes y preparar cada clase de modo de  clarificar el objetivo propuesto en el abordaje de cada tema, siendo consciente de que la cuestión misma no es lo principal sino que ella provoque otras problemáticas y abra nuevos interrogantes.

El profesor es simplemente un mediador, un guía y no un informante, es quien posibilita y crea las condiciones para que el estudiante realice su propia construcción del objeto de conocimiento. En este sentido, aprender del error es una de las consignas más importantes en la dinámica de la enseñanza aprendizaje, insistiendo en que también el profesor aprende permanentemente, aceptando la propia falibilidad.  El aula es el espacio de la participación, de la crítica fundamentada, de la expresión de las diferencias, de la manifestación de las dudas, es una suerte de “agora” en la cual se produce la autoconstrucción social de conocimiento.

El método cartesiano,  el pensar por sí mismo de la Ilustración de Kant y las ideas del Emilio de Rosseau constituyen disparadores muy estimulantes para abrir el diálogo con los estudiantes. Las ideas de Sarmiento, cuya influencia en la escuela argentina ha sido crucial, convive con las propuestas de Freire, Foucault y Bourdieu.

Entro otras problemáticas se pueden proponer las siguientes: ¿Nos educan para la libertad? La educación, ¿es democrática? ¿Cuál es la relación entre educación y disciplina? Para aprender cosas nuevas, ¿es necesario desaprender cosas viejas? La educación, ¿nos garantiza el progreso? ¿nos garantiza la igualdad? ¿Aprendemos a ser críticos en el sistema que nos educa?

Eje 3: El Mundo de la Ciencia y la Tecnociencia

Nuestras sociedades actuales son tecnocientíficas. No se puede entender la mayor parte de las cuestiones sociales contemporáneas sin tener en cuenta la influencia que la ciencia y la tecnología ejercen en la vida cotidiana, en la producción económica, en la construcción de saberes.

La ciencia, tal como la conocemos hoy, es un producto moderno. Desde el Renacimiento la humanidad europea fue gestando una cosmovisión ligada a la observación y la matematización. Dejando de lado la interpretación religiosa del mundo, los primeros científicos modernos indagaron acerca de la constitución del cosmos de un modo singular. La naturaleza estaba escrita en caracteres matemáticos. Pero al mismo tiempo, esta matematización fue perdiendo su carácter místico, rasgo propiamente antiguo, para convertirse en una herramienta de transformación del mundo.

La investigación científica entonces no sólo estuvo guiada por un afán de verdad, esto es, de conocer cómo funciona la gran máquina del Universo. También tuvo como su norte el dominio de tal esfera. Conocer es, para la inteligencia moderna, transformar. El conocimiento es poder.

El gran debate acerca de la astronomía en el siglo XVI es un ejemplo de este cambio de paradigma. Por un lado, los viejos escolásticos viven en un universo centrado en la tierra inmóvil, alrededor de la cual giran las esferas transparentes sobre la cual se insertan los cuerpos celestes en órbitas circulares. Esta composición se basa en la antigua concepción de Ptolomeo y la alta autoridad de Aristóteles, es cierto. Pero también coincide con una interpretación de la Biblia que afirma en varias ocasiones, siguiendo el sentido común, que el sol se mueve.

Con la influencia del Heliocentrismo de Copérnico y la publicación en 1543 de su ya famoso libro De revolutionibus orbium coelestium el conocimiento del cosmos se instaló bajo coordenadas de observación y cálculo. De este modo, Galileo pudo enfocar su telescopio al cielo y Tico Brahe consignar matemáticamente las ubicaciones y las órbitas de los cuerpos celestes.

El triunfo de la nueva cosmovisión no fue sólo teórico. La nueva ciencia otorgó herramientas prácticas para constatar la observación y hacer progresar la civilización. La navegación con mapas precisos del cielo, la incipiente maquinaria que luego devendrá en industria, el instrumento científico al servicio de la vida cotidiana.

El capitalismo como nuevo orden económico que se inició en Europa para ampliarse con el imperialismo de las naciones centrales, tuvo como sus aliados al conocimiento científico y al desarrollo tecnológico.

En la actualidad presenciamos nuevas oleadas en esta revolución tecnocientífica. El original optimismo moderno, que veía en la ciencia un futuro promisorio de felicidad indefinida, fue trastocándose en decepción y temor posmoderno. El descontrol del uso de las nuevas tecnologías en el siglo XX, los grandes descubrimientos científicos al servicio de objetivos éticamente cuestionables, el riesgo de destrucción planetaria, son sólo algunas señales de esta mirada filosófica.

Los textos que se presentan a continuación intentan reflejar estas situaciones. Desde los filósofos modernos que actuaron simultáneamente como científicos y técnicos, hasta los pensadores y pensadoras actuales que toman seria distancia de aquéllas ópticas  englobantes y sistemáticas, poniendo la paradoja, el pensamiento débil y la complejidad como elementos necesarios de un nuevo abordaje en el conocimiento.

Algunas preguntas que pueden guiar o acompañar la reflexión filosófica en este eje ¿el conocimento científico es verdadero? ¿existe la objetividad? ¿Quién define los programas de investigación? ¿debe la ciencia atender a la moral? ¿toda innovación técnica es positiva?

 

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